El Ajedrez y la Astrología

Estoy asombrada, me he encontrado con este tema de Julián García Vara ( España) , lo guardo en mi blog, para estudiarlo con mayor detalle, es increible como asocian la astrología con el ajedrez, a leerlo, pero es para digerirlo muy lentamente y por lo que veo vale la pena hacerlo: 

"No parece posible asignar un origen histórico bien determinado al milenario juego del ajedrez; cualquier empeño en esta dirección nos conduce a un conjunto de leyendas y anécdotas de dudoso valor, junto con unos pocos datos que apuntan a Oriente y a vetustas dinastías. La datación más remota establecida hasta la fecha le concede una antigüedad de unos cinco mil años y se fundamenta en el hallazgo arqueológico de unas piezas de barro cocido, consideradas figuras de ajedrez, en suelo mesopotámico (1.938). Precisamente hacia esa misma época y lugar florece en manos de los sacerdotes caldeos la antigua ciencia de la Astrología. Entre ambos hechos existe una íntima conexión que ha pasado, al parecer, inadvertida a los ojos de los historiadores.

Para percatarse de su significado y alcance es preciso, en primer lugar, tomar conciencia de la posición central que ocupaban los estudios astrológicos en la formación de los antiguos sabios mesopotámicos y de cómo la cosmovisión contenida en ellos impregnaba todas las manifestaciones culturales de la época; en segundo lugar, admitir que, dada la sofisticación propia del reglamento y de la práctica del ajedrez, parece lícito suponerlo obra de un espíritu altamente instruido, lo que en nuestro contexto vale tanto como decir versado en los misterios de los sacerdotes-astrólogos. Que algo del contenido fundamental de esos conocimientos haya sido plasmado simbólicamente en la estructura y dinámica propia del juego de ajedrez no debe sorprendernos; por el contrario, es más que presumible que un propósito didáctico guiase la determinación de sus características y su puesta en circulación. Más en concreto, pensamos que en su origen el ajedrez fue básicamente un complejo y condensado símbolo críptico de las fuerzas astrales que intervienen en la conformación de la vida humana sobre la Tierra.


libro

El “Libro de los juegos” o “Libro de ajedrez, dados y tablas”, obra encargada por el rey castellano Alfonso X, entre 1251 y 1283 DC.

 En apoyo de esta tesis cabe aducir que en todos los demás supuestos lugares de origen del ajedrez y allí donde éste ha sufrido alguna modificación estructural siempre ha estado presente un desarrollo igualmente importante del saber astrológico: en Egipto, donde, por cierto, se jugó un ajedrez de doce piezas y treinta casillas que se corresponde con los doce signos del zodíaco y los treinta grados de arco en que cada uno de ellos se subdivide, y donde también se jugó con un tablero de doce por doce, más tarde incorporado por otras culturas; entre los hindúes, acerca de cuyo juego escribió en el año 947 el historiador árabe Al Masudi:

 
"explican por las casillas del tablero el paso del tiempo y de las edades, las grandes influencias (cósmicas) que rigen el mundo y los vínculos que unen al ajedrez con las almas humanas"; entre los mismos árabes, auténticos introductores en Occidente del ajedrez y de la astrología; y en la Corte de Alfonso X, el Sabio, donde "El libro de ajedrez dados y tablas" y las "Tablas Alfonsíes" (astronómicas) testimonian el interés por ambas cuestiones.

Si esta correlación no ha sido establecida hasta ahora con mayor nitidez se debe en parte a la apariencia de mero juego de guerra con que el ajedrez se muestra a primera vista y también a las múltiples variantes históricas que dificultan la percepción de un esquema común subyacente. No pretendemos que todas las añadiduras y mutaciones del juego, especialmente las más recientes, estén inspiradas astro lógicamente, pero sí algunas y, en todo caso, en todas y cada una de sus principales variantes se conserva de un modo u otro el esquema principal. Incluso en su forma actual, es aún claramente reconocible un estrecho isomorfismo estructural entre el despliegue inicial de las piezas en el tablero de ajedrez y la disposición de los planetas en el tradicional sistema astrológico de las dignidades o regencias planetarias, tal como muestra la FIGURA 1 (ref.1), y como explicamos a continuación:
La teoría astrológica de las dignidades planetarias afirmaba que en su deambular por el zodíaco cada uno de los siete planetas conocidos por entonces (incluyendo como tales al sol y a la luna, de acuerdo con la terminología de la época) atravesaba zonas que le eran particularmente afines y otras especialmente adversas. 
FIGURA 1
La zona de máxima afinidad era normalmente un signo del zodíaco en el cual se decía que el planeta tenía su domicilio; o, a la inversa, cada uno de los doce signos zodiacales constituía una suerte de depósito energético inerte cuyas fuerzas eran absorbidas y movilizadas por uno de los astros errantes, al que se proclamaba planeta regente o señor de ese signo. La disimetría entre estas dos cifras, siete planetas y doce signos, forzó una solución ingeniosa al problema del reparto de la tarta zodiacal entre los comensales planetarios.

El Sol y la Luna formaban una categoría aparte: la de las luminarias o señores del día y de la noche, respectivamente. Cada luminaria gobernaba al resto del séquito planetario durante su propio período de esplendor. Esto permitió dividir el zodíaco en dos sectores, uno diurno y otro nocturno, de seis signos cada uno, y albergar a los cinco planetas propiamente dichos más la luminaria correspondiente a razón de un planeta por signo. Cada planeta tendría así un domicilio diurno y otro nocturno, excepto las luminarias, que tendrían un sólo domicilio. El signo de Leo, cruzado por el Sol en pleno corazón del verano, fue puesto bajo la regencia de ese mismo cálido Sol. Los cinco signos siguientes, desde Virgo a Capricornio, recibieron como regentes a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, de acuerdo al orden decreciente de sus velocidades medias. La Luna, míticamente considerada hermana gemela del Sol, fue colocada junto a éste en el signo precedente de Cáncer. A partir de aquí, se repite la misma secuencia planetaria, pero en sentido retrógrado o a manera de espejo, desde Géminis hasta Acuario (véase la FIGURA 1 (ref.2)).

En esta distribución quedan con un mismo planeta regente los signos primero y octavo (Marte), segundo y séptimo (Venus) y tercero y sexto (Mercurio), quedando para los cuarto y quinto el privilegio de tener regentes de uso exclusivo (Luna y Sol, respectivamente). En la FIGURA 1 (ref.3),se desvela con claridad el paralelismo de este esquema con la disposición de las piezas en el ajedrez, donde también corresponden a un mismo tipo de pieza las casillas primera y octava, segunda y séptima, tercera y sexta, quedando la cuarta y quinta con piezas únicas como propietarias.

Todo esto podría pasar por una simple y curiosa coincidencia si no fuera porque, además, existe un paralelismo aún más evidente entre la naturaleza y movimientos de las piezas mayores del ajedrez y el significado simbólico atribuido por los antiguos a los planetas que, según nuestro esquema, les corresponden.

Así podemos ver como a Marte, señor de la guerra, le corresponde la torre, pieza representada en otras épocas como carro de combate y, más tarde, como castillo o acuartelamiento. Como prototipo de la virilidad, Marte representa las líneas rectas y los movimientos francos y directos, lo cual concuerda perfectamente con la forma en que la torre se desplaza por el tablero.

Menos evidente es la relación entre Venus y el caballo. Para comprenderla hay que recordar que inicialmente el caballo representa al jinete más que al animal, a la caballería como fuerza menos tosca, más elegante, refinada y habilidosa que la infantería, atributos éstos próximos a la planetaria diosa de la belleza. Pero, sobre todo, hay que prestar atención a la apariencia gráfica del símbolo astrológico de Venus (véase en la FIGURA 1 (ref.4)). Los antiguos astrólogos construyeron los símbolos planetarios como combinaciones de tres elementos primarios: el círculo, el semicírculo y la cruz, que esotéricamente pasan por símbolos del espíritu, el alma y la materia, respectivamente. Con Venus, vemos un círculo situado sobre una cruz, el espíritu dominando a la materia y sirviéndose de ella. Es exactamente lo que representa un jinete controlando a su caballo: el dominio de la racionalidad sobre las pulsiones instintivas.

El concepto de equilibrio asociado a Libra, uno de los signos regidos por Venus, es igualmente esencial al jinete y al símbolo gráfico de un disco o esfera pugnando por sostenerse en la precaria base de una cruz -la fuerza con que las pasiones "tiran hacia abajo". Por otra parte, en Oriente se encuentra ampliamente difundido el concepto de polarización dual de todo cuanto existe en forma, por ejemplo, de YANG y de YIN, que vienen a ser como el día y la noche, la luz y la sombra, lo blanco y lo negro, lo masculino y lo femenino.

Si observamos el peculiar movimiento del caballo en ajedrez podemos comprobar que es la única pieza que cada vez que cambia de posición pasa a una casilla de color contrario al de su lugar de origen, como si fuera la encargada de relacionar entre sí los mundos contrapuestos del YIN y el YANG. En efecto, Venus es el depositario astrológico de los vínculos conyugales, la atracción de los opuestos y el equilibrio de los contrarios. Por eso caen también bajo su dominio las formas geométricas cuyos puntos superficiales equidistan de un centro, como la esfera, el círculo y las curvas en general, propias, por lo demás, de la anatomía femenina de la diosa del amor. "

El tema esta mas extenso en la fuente donde lo saque, aqui lo coloco: 

http://www.universo.com.ve/web/articulos/ajedrez_astrologico.html

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