los 7 pecados capitales y los planetas: Venus-Lujuria



Venus: La Lujuria

La lujuria es un pecado venusiano, debido a la corrupción de Venus en el horóscopo. Al igual que ocurre con la gula, otro pecado ligado a la columna de la Tolerancia, la lujuria no sólo actúa en el dominio específicamente sexual, sino que extiende sus redes sobre todos los placeres inmoderados que se autoconcede el individuo.

En el plano mental un Venus inarmónico inocula al pensamiento una gran permisividad, desvirtuando el sentido de la moral y haciendo que al individuo todo le parezca plausible; es incapaz de distinguir entre el bien y el mal (o sea entre aquello que es o no conforme a las leyes cósmicas), de forma que se ve en la imposibilidad de arrancar las malas hierbas que florecen libremente en su vida.

En el plano emotivo, que es el terreno en el que Venus actúa con mayor empuje al acentuar el nivel de sensualidad, hace que el sexo realice funciones directrices en la vida del individuo marginando otros criterios presentes en el alma. Así, bajo la acción de la lujuria, veremos que el individuo sintoniza con personas que sólo se adhieren a ese aspecto de su personalidad y que no poseen otras afinidades con él. Como sea que la lujuria ama la diversidad, cualquier relación iniciada bajo su impronta alcanzará rápidamente su punto de saturación y la relación entrará pronto en crisis.

Hoy en día, en un momento en que las personas ceden más fácilmente que antes a la llamada de la lujuria, vemos que las parejas formadas sobre la base de estas premisas venusianas pronto se separan, dando lugar a una sociedad de miembros desligados, a una sociedad insolidaria, irresponsable, angustiada ante su propio porvenir, con un inconsciente culpabilizado que pide a gritos el castigo que le haga soportable su permisiva existencia. Tal vez no sea descabellado pensar que esa actitud podría no ser ajena a la actual fiebre catastrofista/ milenaria / apocalíptica que lleva a muchas personas a creer -como Asterix- que el cielo se va a derrumbar sobre sus cabezas y que el gran cataclismo les acecha.

La lujuria no se reduce pues a un aumento inmoderado del apetito sexual, sino que, cual pulpo, extiende sus amarras sobre las relaciones sociales, sellándolas con la marca de lo efímero. En el terreno estrictamente personal, la entrega a los placeres del sexo hace que las energías creadoras se pierdan por su polo negativo, privando a la mente del poder de procrear en los mundos superiores, puesto que los conductos que alimentan los órganos sexuales comunican, a través de la columna vertebral, con el centro de percepción espiritual, y si la corriente vital se orienta hacia abajo, arriba escasearán los fluidos para la creación.

La lujuria produce un progresivo oscurecimiento de la conciencia, de manera que el Ego Superior no consigue comunicar su saber a su contra partida material, la cual deja de cumplir su programa profundo. El individuo se ve entonces desasistido espiritualmente y vulnerable ante el más mínimo contratiempo que le depare la vida, siendo un firme candidato a la depresión y, en casos extremos, al suicidio.

En efecto, la solución de nuestros problemas está arriba, en la mente, lo que permite al hombre conectarse con su propia esencia, con su divinidad interior. De ahí nos viene la lucidez que nos permite hallar el remedio justo para nuestros problemas. Si le arrebatamos a la mente las energías que le permitirían funcionar plenamente, con el fin de alimentar la sexualidad, es evidente que no hallaremos las soluciones cuando las necesitemos.

El lujurioso es un ser vulnerable, un ser que naufraga en la más pequeña tempestad y, por consiguiente, alguien con el que no se puede contar, que no puede ofrecer apoyo y solidaridad aunque quiera hacerlo. Los efectos de la lujuria sobre una próxima vida se caracterizarán por una debilidad del cerebro, que no podrá realizar las funciones que le son propias, dado que en la vida anterior ha sido privado de sus fuentes naturales de alimentación. Según el grado de debilitamiento, puede dar el simple bendito inofensivo, el epiléptico, el idiota más o menos profundo, el retrasado mental o el loco de atar, si el cerebro no se encuentra en condiciones de realizar sus funciones y abandona totalmente la dirección de la vida al cuerpo de deseos.

Haremos aquí una precisión semejante a la que concierne el capítulo sobre la gula (y que, dicho sea de paso, es válida para los demás pecados capitales) en el sentido de que no todas las enfermedades mentales son debidas a la práctica abusiva del sexo en una vida anterior, pero sí resulta cierto en muchos casos. Desperdiciar la simiente ha sido considerado en todos los tiempos como una de las más graves ofensas que puedan hacerse al Creador, ya que equivale a dejar de lado el órgano que nos ha sido dado para crear, que es el cerebro, para poner en su lugar el órgano sexual. No para utilizado en su correcta función, que es la multiplicación de la vida en el mundo físico, sino para procurarse un placer en el bajo mundo de los sentidos. Por el contrario la castidad se muestra como uno de los métodos más seguros para llegar a la clarividencia y a la comprensión de la Obra divina.

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