los 7 pecados capitales y los planetas: Mercurio-la envidia



Mercurio: La envidia

La envidia es un pecado mercurial y se debe a una perturbación en el horóscopo del planeta Mercurio. En el mundo mental, la función de Mercurio consiste en orquestar los recursos que posee el individuo para su más lógico aprovechamiento. Este planeta es el que se encarga de racionalizar y ejecutar, según un orden riguroso de acuerdo con las leyes cósmicas, con las necesidades del Ego Superior y en función de las circunstancias en que se halla inmerso el individuo. Pero cuando Mercurio forma disonancias, entonces tiende a utilizar recursos ajenos en el programa propio, recursos que va a buscar en el programa de otros Egos. Esta situación se manifiesta en la persona bajo el rostro de la envidia.

En el ámbito de relaciones sociales, esa mala disposición de Mercurio será fuente de importantes conflictos. La envidia, para prosperar en el terreno práctico, debe ir acompañada de sus dos acólitos: la mentira y la calumnia, con la ayuda de las cuales arruinará la reputación de la persona cuyos recursos Mercurio ambiciona. En lo que se refiere al propio destino, la envidia falseará nuestras necesidades experimentales, procurándonos experiencias que no figuran en el programa de nuestro Ego Superior y que, por tanto, son inútiles o inoportunas.

La envidia ayuda siempre a la personalidad humana pasajera, satisfaciéndola en lo referente a los valores sociales, pero volviendo la espalda a las necesidades evolutivas del Ego.

Éste es el error característico de un Mercurio disonante. En el plano emotivo, Mercurio es el encargado de aportarles lógica a nuestros sentimientos o, dicho de otro modo de proporcionarles su razón de ser. Cuando actúa de acuerdo con nuestra legalidad sentimental, es decir, con los deseos que legítimamente deben llevamos a la culminación del programa elaborado por el Ego Superior, imprime en nuestros impulsos emotivos una fuerte determinación, les aporta persistencia, duración, y la persona tiene entonces el sentimiento de estar en lo cierto. Pero cuando un Mercurio disonante actúa sobre nuestros sentimientos, también comunica a la persona esa sensación de veracidad al impulsar los deseos a apoderarse de los recursos humanos de otra persona.

Mercurio proporciona a los deseos argumentos nobles para justificar actuaciones que no lo son. En el plano físico, Mercurio rige las conexiones, las relaciones humanas y una situación de envidia hará que la persona se vea conectada con individuos que contribuirán a desviarlo de su universo natural, orientándolo de forma equivocada respecto a su programa de vida. La envidia es por lo tanto un pecado que nos aleja considerablemente de nuestro objetivo trascendente llevándonos hacia la falsa pista de los valores sociales, en lugar de perseguir las experiencias susceptibles de enriquecer nuestra alma. Por resultar evidente para el propio individuo, la envidia es algo que se puede corregir, si se moviliza la voluntad al servicio de esta corrección. Si el propósito de corregir esta tendencia es firme y lo realizamos en el ámbito de nuestras posibilidades, también en los planos superiores Mercurio funcionará de acuerdo con nuestro correctivo y se transformará en un instrumento eficaz para la realización de nuestro destino.

La envidia repercutirá en una próxima vida haciendo que nos encarnemos en un cuerpo propenso a los envenenamientos, a las dificultades respiratorias y gástricas. Todas las afecciones del aparato intestinal, las intoxicaciones, apendicitis, peritonitis, enfermedades contagiosas y pulmonares son un subproducto de la envidia, puesto que en el plano moral también la envidia envenena, intoxica, estrangula, contagia, vicia el aire, impide que la persona objeto de la envidia evacue normalmente sus cualidades internas sobre el mundo.

Eternas Bendiciones.

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